Crónica desde la cocina: Este año nos hemos venido arriba: ¡vasos compostables y bocadillos calientes!

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Crónica desde la cocina: Este año nos hemos venido arriba: ¡vasos compostables y bocadillos calientes!

Arrancamos el Jueves noche, y en cuanto logramos tener todo a punto, nos lanzamos a la piscina y comienza lentamente la venta de bocatas. En el menú 4 opciones (a cuál más rica): Merguèze, Butifarra, Hamburguesa Vegana y Pollo con queso brie. Y por si fuera poco dos cartelitos improvisados y destartalados desde el minuto cero anuncian que hay salsa chimicurri (con amor) y aceite picante.

¡Un momento! ¡Se escuchan tambores! Es el cercavila que hace su entrada espectacular al Àgora. (¡Y el anuncio de que se avecinan acción y aventuras en la cocina jeje!) Aumentamos la velocidad, con un equipo bien posicionado. Comienza el pregón y la demanda de bocatas. Dejamos los tiquets en la bandeja para ir siguiendo la cantidad de bocatas pendientes, pero con tanto curro, nos olvidamos de sacar los ya entregados, así que se acumulan… ¡No pasa nada! ¡Seguimos adelante! Eso si: ¡Sistema a mejorar para el año que viene! 

El viernes nos repartimos las tareas a ritmo de bulería y rumba gracias a “Cara Bruta” en el escenario. Que si tu cortas el pan y yo pongo la salsa, pásame una cervecita que este bocadillo hay que plancharlo después de ponerle queso. Y así sigue la cocina, alegre, hasta que los hambrientos empiezan a multiplicarse, el chef en la plancha ya no sabe quién ha pedido cada bocadillo porque todos los tickets son iguales y la gente se impacienta pero cada delicatessen requiere de un tiempo de preparación distinto. Detrás de la barra el buen ambiente sigue y la buena coordinación nos hace sentir que lo estamos haciendo lo mejor posible a pesar de presiones y sudores. Las butifarras empiezan a tardar más y hay gente que espera 20 minutos por su bocadillo pero… nadie descansa en la cocina desde las 19h de la tarde así que ¡Es lo que hay! Mientras escuchamos a las “Amigas de la Yoli”, maravillosas, se termina el pan bueno y para cuando llegan más barras el hambre ya no hostiga igual de fuerte a los presentes, que se han pasado a las cervezas y combinados.

El sábado se parece bastante al viernes, con algunas bajas en la cocina por falta de personal en barra frente a un gran número de sedientos visitantes. En algún momento, un escuálido número de tres personas repartidas entre la barra y cocina, hace que corramos un poco más, así que saliendooooo de la cocina a la barra para servir birras, cambiandoooo el barril, planchaandooo el bocata o haciendo las riquísimas burguer veganas, todo al mismo tiempo durante un buen rato. Hasta que llegaran más compañeras, por suerte y todo vuelve a su normalidad. Auch! 

Cada medio día las paellas proliferan en el Barrio y sólo la capacidad de adaptación de nuestro chef permite que haya, ciatoms textualmente “más chicha para menos arroz” así que mejor para los que vienen a disfrutarla a la sombrita del Ágora. Eso sí, el chef pide más pinches y brazos para mover paellas para próximas aventuras culinarias.

El domingo mientras recogemos llega la lluvia así que no tenemos más remedio que comernos los boquerones, que ya se estaban remojando (¡y eso sí que no!), la sandía y otros restos no congelados. Repartimos panes, quesos y pechugas de pollo entre la fuerza de trabajo presente. Vaya que con la preocupación de que nadie se quedara sin comer en estas fiestas podríamos haber montado una Boquería alternativa el domingo en el Ágora… 
Eso sí ¡Qué bien hemos comido estas fiestas! (y comeremos las próximas semanas ¡que aún nos estamos repartiendo los boquerones y la salsa vegana de las hambueguesas!)

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