Nueva campaña vecinal en el Raval: “Vecina, especie en peligro de extinción”

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Nueva campaña vecinal en el Raval: “Vecina, especie en peligro de extinción”

Empezamos la campaña “Vecina, especie en peligro de extinción” pegando 4 murales en las puertas de locales o edificios que han sufrido desahucios, ocupación de narcotraficantes o que los negocios que había han tenido que cerrar. Poco a poco, iremos llenando el barrio de estos “testimonios artísticos” de la expulsión de la vida vecinal para denunciar lo que está pasando.

Con estas acciones, queremos reflejar los diferentes tipos de violencia que sufrimos las vecinas y como esto nos expulsa del barrio. Lo hemos hecho poniendo de relieve las amenazas que nos acechan.

Los especuladores son los más nocivos. Bancos, fondos buitre, grandes capitales extranjeros, SOCIMI, grandes propietarios e inmobiliarias hacen negocios con un bien de primera necesidad: la vivienda. Para ellos es un simple objeto de especulación y no les importa el elevado número de pisos vacíos que dejan. Desvinculan la vivienda del uso social que debería tener. Son los que más vecinas expulsan por impago de la hipoteca, impago del alquiler, subidas astronómicas del precio (desahucios invisibles), acoso inmobiliario y viviendas dedicadas al turismo. La usura unida a la omisión de responsabilidades es letal.

Otro fenómeno altamente pernicioso es el de los narcopisos, la proliferación de los cuales sólo es posible gracias a la cantidad de pisos vacíos en manos de especuladores y la negligencia con que los administran. Los narcotraficantes llevan asociados problemas de salud pública, peleas, degradación del entorno, ruidos e inseguridad. Pero en la mayoría de los casos los propietarios no denuncian e impiden de este modo que pueda actuar la justicia y la policía. De hecho, ya les va bien que las vecinas acaben marchando por miedo. Así pueden especular aún más.

A ello se suma la masificación turística que desplaza a las vecinas por la alta demanda de vivienda de vacaciones. La cantidad de turistas también satura los espacios públicos, provoca el cierre de comercio tradicional, ruido, etc.

Y finalmente el incivismo, ya sea ocasionado por autóctonos, visitantes, ciudadanos o comercios.

Esta lista de amenazas actúa de manera persistente hasta que los vecinos se ven expulsados o se rinden y abandonan el barrio. Esta violencia continua y sistemática no sería posible sin la connivencia o inacción de las administraciones públicas. Cabe recordar que los ciudadanos tenemos el deber de pagar nuestros impuestos y las administraciones el de garantizar el bienestar y la seguridad de sus ciudadanas. Las administraciones son las que deben regular, legislar y velar por que se cumplan las normas de convivencia. Las administraciones deben cumplir su parte del trato.

Hay un factor común entre todos los que causan estas amenazas: buscan el mayor beneficio en el menor plazo de tiempo. Pero eso a la larga perjudica la inmensa mayoría. Hay que encontrar y fomentar vías sostenibles de generar riqueza y bienestar sin que los vecinos nos vemos implacablemente reclamados a la expulsión o el nomadismo. Mientras esto no se revierta el barrio se desangra y cada día pierde algunas vecinas.

Acció Raval i Guerrilla Raval

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