A cuenta de la situación actual: Intervención de Antonia, enfermera del CAP Raval Nord en la presentación del libro: ¿A quién vamos a dejar morir?

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A cuenta de la situación actual: Intervención de Antonia, enfermera del CAP Raval Nord en la presentación del libro: ¿A quién vamos a dejar morir?

El 28 de noviembre del 2019, presentamos en la Capella de la Misericórida el libro de Javier Padilla ¿A quién vamos a dejar morir? Fue un acto muy bonito y hubo un debate muy interesante. Antonia, enfermera del CAP y activista en la defensa de la salud pública y de todas las causas que se le pongan por delante, intervino con este texto que leyó en el evento. Viene a cuento ante la situación actual publicarlo pues nos puede ayudar a entender lo que ya venía de lejos. Sirve también para ver la manera de dar respuesta ante la situación actual y ante lo que nos viene. Aprender de las experiencias de lucha de siempre y de las más cercanas, como la del Nou CAP Raval Nord ja y como seguro se van a seguir planteando con más gravedad en la defensa de la sanidad pública, del Nou CAP al Gòtic y de los derechos y libertades de todas, sobre todo de las personas menos favorecidas.

La primera vez que leí a Javier Padilla fue en Salubrismo o Barbarie el año pasado. En la asignatura de bioética, del Máster que estaba cursando, nos pedían que realizáramos una revisión argumentada y yo elegí el tema de Justicia y Salud. Encontré en el libro todo lo que quería explicar en mi revisión y lo fui renovando en la biblioteca de la universidad durante todo el año porque necesitaba leerlo y releerlo. Había establecido con el libro una especie de “noviazgo” que confieso, me costó abandonar. Si Salubrismo o barbarie contenía todo lo que yo quería reflejar en mi revisión, ¿A quién vamos a dejar morir? contiene todo lo que vemos cada día en las consultas, en los domicilio y en nuestras comunidades.

Cuando vienen mis residentes de enfermería, lo primero que les digo es que las enfermeras cuidamos de personas y no de patologías. Y que las personas que van a conocer durante su residencia presentan dificultades y desigualdades que, en muchas ocasiones, son las causas de sus patologías. Y que precisamente estas dificultades a su vez, son las que impiden que hagan un buen manejo de las patologías que padecen. Y también les digo que nosotras, estamos aquí para acompañarles. Podéis imaginar la cara de ¿qué me estas contando Mari Carmen? que ponen.

Pero poco a poco entienden que la definición de salud va más allá de lo que les enseñaron durante su formación. La salud, tal y como explica Javier en Salubrismo o barbarie, se entiende como la capacidad que tienen las personas de desarrollarse en el mundo, con una realidad concreta y en un momento histórico determinado. En el Raval la realidad y el momento que nos toca vivir hace difícil desarrollarse y las personas pierden la salud. El barrio tiene uno de los índices de salud más bajos de Barcelona. Con muchos condicionantes sociales: falta de espacios verdes, contaminación, ruido, viviendas en mal estado, que influyen negativamente.

Y nuestra población pierde la salud cuando las echan de sus casas, porque les quitan su historia, su identidad, sus vínculos en la comunidad. Pierden la salud cuando después de toda una vida de trabajo y sacrificio para sacar a delante a su familia y por fin llegan a una jubilación, con una pensión baja, pero suficiente, ven como tienen que acoger a sus hijos y nietos porque se han quedado sin trabajo y con esa mísera pensión, suficiente para dos, pero insuficiente para tantos, tienen que apañarse. Nuestras pacientes pierden la salud cuando envejecen y están solas y empiezan a tener alguna dependencia y las ayudas sociales llegan tarde o simplemente no llegan. Pierden la salud las cuidadoras, por el mismo motivo, porque solas tiran del carro durante demasiado tiempo y claudican y con ellas cae toda la familia.

Vemos también como el capitalismo hace perder la salud de los de abajo que dan servicio a los de arriba. Pierden la salud aquellas mujeres que, para que otras tengan una mejor calidad de vida, hacen jornadas ininterrumpidas y deben emplear su día de fiesta para venir a vernos. Y me dicen: “Antonia, no me des más visitas, no puedo venir, mi señora se enfada”. La explotación de la economía capitalista empuja a producir, producir y producir más, de manera que para aguantar jornadas de trabajo que precisan un elevado sobreesfuerzo, nuestros pacientes consumen sustancias que les permitan aguantar y pierden su salud. Es el caso del consumo de shabú en una parte de nuestra población.

Permitidme deciros que está claro que vamos a dejar morir a las más vulnerables. A aquellas personas que ni tan solo llegan al sistema sanitario porque si alguna vez han venido, nuestra actitud hacia ellas les ha hecho sentir mal, perpetuándolas en su situación de desigualdad. Las putas, las drogadictas, los sin techo, los niños menores que migran en busca de un mundo mejor.

Pero fijaos bien en lo que está pasando en el Raval y lo que ha pasado en la lucha por el CAP a La Misericordia. Dice Javier en su libro que una de las claves que amortiguan los efectos de las crisis prolongadas es la cohesión social. El Raval llevaba 17 años esperando un nuevo equipamiento y ha sido precisamente cuando vecinas y trabajadoras nos hemos unido cuando lo hemos conseguido. Y han sido precisamente las que el sistema ha apartado las que han estado a nuestro lado: las metzineres regalándonos fantásticos murales como el que veis detrás mío, las putas libertarias ocupando desde el primer día este espacio haciendo permanencias de 24h. Ante la ineficacia de las instituciones que priorizan otros intereses: económicos, políticos,…es la comunidad autoorganizada la que da respuesta a sus propias necesidades. El Raval es una muestra de ello. Las luchas que se libran por “existir” son muchas: parando desahucios, expulsando a narcotraficantes, reivindicando plazas y zonas verdes, recuperando espacios para uso vecinal. En definitiva, intentando mejorar esos condicionantes sociales que hacen a esta población aún más vulnerable.

Para acabar os contaré que ayer estuvimos en el Departament de Salut. Tenían que felicitarse por haber desencallado una situación de más de 12 años de historia. Cuando mi compañera Laura expuso si habría la posibilidad de que el nuevo edificio fuera lo más ecológico y respetuoso con el entorno para evitar un impacto negativo en el mismo, se le contestó que se ceñirían a la normativa vigente. Más tarde, la dirección del CAP interpeló a ir más allá de las políticas de salud actuales, interviniendo en la regulación del precio del suelo y la vivienda. Sabedoras de que la falta de vivienda y la gentrificación que está sufriendo el barrio es uno de los condicionantes que más negativamente influye en la salud de nuestra población. La respuesta fue que ellos no tenían competencia en eso.

Así que, si no queremos dejarnos morir, tenemos que autoorganizarnos para luchar por un Sistema de Salud que sea Universal de verdad, con una Atención Primaria como eje del mismo. De la misma manera que la población del Raval se autoorganiza para dar respuesta a sus necesidades. Y como no, leer el libro de Javier para poder entender.

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