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Jo no sé que té aquest barri,
aquest barri d’El Raval,
que la premsa llibertària
l’ha agafat per capital.
Jaume Arnella.

Fiestas Alternativas en El Raval. Ruta Libertaria. Quedamos en el Ágora Juan Andrés Benítez, un espacio de luz entre las negras tormentas esas de la especulación, microclima del barrio. Avanzamos por las calles gastando estética quarto estato con carrito de la compra bajo nuestras banderas, sábanas gastadas. Vamos a comprar el periódico, que este año la cosa va de prensa libertaria, de cuando si alguien sabía leer, lo hacía en voz alta para los demás en el resquicio que daban para comer en interminables jornadas laborales, y aprovechaban para comer palabras, digerirlas y germinar conciencia, que no sólo alimenta el pan.

En la actual calle de la Junta de Comerç, en su día calle de Mendizábal, nació Solidaridad Obrera en 1907, publicación que tiene puesto destacado en el Guinness de cierres, censuras y secuestros. La idea fue del bueno de Anselmo Lorenzo, Francisco Ferrer i Guàrdia puso el dinero y otro santo varón, Ángel Pestaña, le dio solidez como director allá por el 1918.

Tenía mucho mérito mantener en funcionamiento un periódico sin subvenciones oficiales por principios, bajo amenaza permanente, con periodos de clandestinidad que igual te obligaban a montar la imprenta en la sala de estar de tu casa, y sin publicidad, a base de suscripciones que se cobraban a domicilio o en los puestos de trabajo y que suponían para el cobrador de cuotas la posibilidad de ser arrestado y tundido a conciencia en comisaría.

Aquí cerca, en un primer piso de la calle Arc de Sant Pau, tuvo sede otro referente, Tierra y Libertad, que empezó a publicarse en 1888 en Gràcia, dirigido por Sebastià Suñé y con un equipo de redacción formado por Emilio Hugas y Martí Borràs Jover, que luego volverá a salir por aquí.

Tierra y Libertad, una de las decanas del ramo, permite seguir desde sus páginas muchas de las vicisitudes del anarquismo, el sindicalismo y el movimiento obrero, con sus debate ideológicos, sus dialécticas, sus pullas y todo lo relacionado con ese gen de la ameba tan nuestro.

Tierra y Libertad siempre abogó por la emancipación de la mujer y la igualdad. En un tiempo estuvo dirigida por Teresa Mañé / Soledad Gustavo, maestra y escritora. Otras publicaciones hicieron lo mismo. La Muger (sic), desde el 31 de Ronda de Sant Pau, por ejemplo, en el año 1882. En la portada del primer número aparecía una mujer con un libro bajo el brazo. La Muger. Periódico científico, artístico y literario que defiende los derechos de las mujeres. La directora era Thérèse Coudray de Aramburu y las redactoras son mujeres. Reivindica la soltería como opción a normalizar, cuestiona la maternidad como destino insoslayable del bello sexo, defiende el acceso a la Universidad y a las carreras científicas, y cuando baja a las fábricas es para denunciar el acoso sexual y las penosas condiciones laborales que impone la patronal. Duró poco, pero ahí queda.

Mujeres. Hoy nos acompañan Elsa Plaza y Sonya Torres. Paramos en la Rambla del Raval. Aquí estaba la calle Cadena y la escuela Gutenberg, conocimiento contra resignación, escuela laica. La dirige Júlia Aymà, maestra racionalista, librepensadora y masona, vicepresidenta de la Sociedad Progresiva Femenina. Murió muy joven, con 36 años, y su entierro llenó las calles. Un entierro civil. Las ceremonias civiles eran actos de desobediencia que podían salir muy caros, llevarte a la cárcel, por ejemplo. Pero más cara acaba saliendo la sumisión al clero.

Mujeres maestras de escuela y mujeres que son escuela. Concha Pérez. Nació en Les Corts. Padre anarquista que no tiene reparos en ver como su segunda esposa se desloma en un taller de vidrio y luego con las tareas domésticas, mientras él y los chicos de la familia aprovechan el tiempo libre para irse de ateneos y tertulias. Solía pasar. A los 20 años, Concha se va de casa, harta de la poca predisposición masculina a arrimar el hombro también en el hogar.

Solidaridad, apoyo mutuo, libre acuerdo. Concha Pérez era habitual de la Agrupación Cultural Faros, con local provisional en febrero del 36 en la calle Riereta, aquí en El Raval, barrio que acogió a Concha tras pasar por el frente de Aragón como miliciana, obrera en la retaguardia, herida en mayo del 37, campos de concentración franceses, exilio, la miseria de la post-guerra que la obliga de dejar a su hijo en acogida en un orfanato…y tras la muerte del dictador ahí que nos ponemos a reconstruir la CNT, volver al Ateneu Enciclopèdic Popular e integrarse en Mujeres del 36. Gente decente.

‘Tal vez vosotras, queridas esposa e hijas, veáis tiempos mejores, donde la lucha por la vida sea menos encarnizada, siendo tal vez un hecho la fraternidad humana: trabajad para ello tanto como podáis, pero por medio del convencimiento, como lo he hecho yo; porque debéis tener entendido que el bien y la libertad; lo bueno y lo bello, cuando son impuestos por la fuerza, dejan de ser lo que son para convertirse en lo peor del mundo para los que no lo admiten’. Lo escribió Martí Borràs Jover. Ya les dije que volvería a salir. Es una carta escrita poco antes de suicidarse en la cárcel, enfermo y tras semanas de duros interrogatorios por el atentado contra el Capitán General de Catalunya, Arsenio Martínez Campos, pese a no tener nada que ver, que se lo había montado solito Paulino Pallás.

La esposa de Martí Borràs era Francesca Saperas, referente libertaria, compañera de denuedos de Teresa Claramunt, mujer acogedora, casada más tarde con Tomás Ascheri, uno de los ejecutados en los procesos de Montjuïc. La hija mayor de las cinco que tuvieron Francesca y Martí era Salud Borràs Saperas, que distribuía a domicilio Tierra y Libertad, compañera de Lluís Gas Masió, otro de los fusilados en los procesos de Montjuïc. Junto a su madre le tocó cárcel y exilio antes de participar en la Revolución Mexicana junto a Emiliano Zapata.

La familia Borràs Saperas volvió a reunirse en Barcelona en los años 30, en la calle d’en Robador que hoy pisamos. En un piso que era centro de acogida y de distribución de prensa clandestina vivía una de las nietas, Antònia Fontanillas, que trabaja en Solidaridad Obrera, imprimiéndolo y distribuyéndolo en los primeros años de dictadura, hasta su partida al exilio francés en 1953. En Francia editaría Surco en castellano, francés y esperanto. No hay una Revolución definitiva, la Revolución es hacer camino al andar, decía Antònia. Nunca paró de andar, sin cansarse, sin hacer daño a nadie hasta su feliz regreso a la tierra. Pusieron una placa en su recuerdo en su calle cuando murió en 2014. La placa ya no está. Gente indecente.

La ruta vuelve al punto inicial, Ágora Juan Andrés Benítez, que hay paella, fideuà y palabras dispuestas en las mesas, que no solo alimenta el pan. Y en eso andamos, compartiendo los pasos.

18 juliol, 2018

Crónica de la Ruta Libertaria de les Festes Alternatives del Raval por Toni Àlvaro

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